martes, 20 de octubre de 2020

 EXPLICACIÓN

He vuelto a ser el mismo de antes. El que 
cantaba a las ventanas, el que se regocijaba con
las lluvias, el que admiraba a los árboles cuando
caen, en pleno otoño.
Yo, que esperaba ansiosamente el advenimiento
del otoño,yo, que salía maldiciendo del
verano, de pronto, con los primeros fríos, quedéme
paralizado. No sé cómo explicarlo. Pero sucede
que las sillas se caían y yo como si nada; los
pájaros pasaban hacia el sur y yo si notarlo; las
gentes entraban al cinema, salían de la iglesia,
reíanse en los circos y yo alejado, sin estar con
ellos como siempre. 
Y ahora, que estoy sentado en la puerta del 
invierno, comprendo que aquel no fue un tiempo 
perdido. Estuve en otros sitios, caminé por otras 
plazas, otras arenas pisé, vi otros árboles, paréme 
en las ruinas de otros tiempos.
Y en vez de buscar un  tiempo no perdido,
contaré viajes no sucedidos, viajes imaginarios.


Javier Heraud
Viajes Imaginarios 
1961





LUNA SIN FIN

 


jueves, 12 de marzo de 2015

LOS PERROS ROMÁNTICOS
En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar,
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
y aquí me voy a quedar.
Roberto Bolaño...

martes, 10 de marzo de 2015


Ricardo Silva-Santisteban...
UN PERRO HA MUERTO

Lo enterré en el jardín
junto a una vieja máquina oxidada.
Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.
Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz iría.
Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en un cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.
Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero,
que para mí jamás fue un servidor.
Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conservaba su soberanía,
la amistad de una estrella independiente
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba sobre mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.
No, mi perro me miraba
dándome la atención que necesito,
la atención necesaria
para hacer comprender a un vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestarme nunca,
y sin pedirme nada.
Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas
del mar, en el invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasado de pájaros glaciales,
y mi perro brincando, hirsuto, lleno
de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente a frente al Océano y su espuma.
Alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más, con el absolutismo
de la naturaleza descarada.
No hay adiós a mi perro que se ha muerto.
Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.
Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.
PABLO NERUDA

lunes, 14 de septiembre de 2009

El eterno retorno...

Un día equivale a otros, a veces. De repente tu mente juega contigo. Siendo aún pequeño nos inundamos por veredas y calles desconocidas mientras jugamos y observamos al mundo con una inocencia que desaparece poco a poco...